Los músicos judíos en el desarrollo de la cultura popular contemporánea
Los inmigrantes judíos desempeñaron un papel fundamental en la creación y desarrollo de Hollywood, moldeando la industria cinematográfica y la música popular. La exclusión y el antisemitismo que enfrentaban en otras industrias los llevaron a invertir en el cine, que era una industria emergente y menos regulada.
Pioneros como los hermanos Warner, Louis B. Mayer (de MGM) y Adolph Zukor (de Paramount Pictures) fueron los fundadores de los estudios cinematográficos más importantes de la Edad de Oro de Hollywood. Estos magnates judíos, muchos de ellos inmigrantes, construyeron una industria que no solo producía películas, sino que también vendía una visión del “sueño americano” y la cultura popular. En esta época, las grandes películas contaban con música de compositores de origen judío. Por ejemplo, Max Steiner, un inmigrante austriaco-judío, compuso la icónica banda sonora de Lo que el viento se llevó (1939) y de Casablanca (1942), creando temas que se convirtieron en sinónimo de estas cintas.
Irónicamente, muchos de los villancicos y canciones navideñas más populares en Estados Unidos fueron escritos por compositores judíos que buscaban crear himnos seculares y culturalmente inclusivos para la temporada festiva. Irving Berlin, nacido en Siberia, compuso “White Christmas”, una de las canciones más vendidas de todos los tiempos. Otros ejemplos incluyen a Sammy Cahn y Jule Styne, quienes escribieron “Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!”, y Johnny Marks, autor de clásicos como “Rudolph the Red-Nosed Reindeer”.
La música para los musicales fue otro campo en el que los artistas judíos dejaron una huella imborrable. Compositores y letristas como George e Ira Gershwin, Richard Rodgers, Lorenz Hart, Jerome Kern y Oscar Hammerstein II dominaron el teatro musical de Broadway, y muchas de sus obras fueron adaptadas para la pantalla grande. Leonard Bernstein, otro notable músico judío, compuso la música para el legendario musical West Side Story.
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