B´nai B´rith significa “Hijos del Pacto” en recuerdo del pacto que Dios celebró con Abraham y que fue posteriormente ratificado con Moisés en el monte Sinaí.
Fue fundada en la ciudad de Nueva York el 13 de octubre de 1843 por doce jóvenes inmigrantes alemanes, quienes se encontraron ante una comunidad judía pequeña de no más de 25 mil hombres, mujeres y niños, desmembrada internamente en grupos étnicos o grupos religiosos que se enfrentaban entre sí cuando en el exterior merodeaba un ambiente hostil y antisemita.
B´nai B´rith en Venezuela, fundada por judíos de origen alemán que buscaban preservar sus raíces y su lengua, constituye fundamentalmente una organización de servicio que ha brindado apoyo a todas las instituciones comunitarias que lo hayan necesitado. Forma parte del Distrito XXIII de B´nai B´rith Internacional y esta constituida por cinco Logias y un capítulo femenino que, agrupados, conforman el Consejo Nacional de la Fraternidad Hebrea B¹nai B¹rith de Venezuela.
Logia Caracas: Fue la primera logia B´nai B´rith fundada en Venezuela; por lo tanto, su historia está ligada con los orígenes de la comunidad organizada, y algunos de sus miembros fundadores pertenecían a los refugiados de los barcos Caribia y Konigstein, siendo entre ellos el más destacado Juan Plaut, un joven economista que había logrado salir de prisión en Alemania y unirse a sus padres para hacer la travesía que le traería a nuestras costas. En el país realizaría una actividad sin parangón por su personalidad carismática que le permitió rodearse de compañeros fieles y dedicados entre quienes se destacaron Erwin Halle y Beno Rosenberg. Pero, en realidad, todos sus fundadores tenían una cultura y una preparación que fue rápidamente aprovechada por una comunidad sedienta de veladas culturales, y la B´nai B´rith fue sin duda pionera en estos encuentros que dieron la pauta para la actividad intelectual comunitaria.
“Un buen día, después de algunos intentos fracasados de incorporar a Venezuela a las actividades benaibritianas del mundo judío, se reunieron en el hotel Ambassador seis amigos, todos de habla alemana… y fue en esa reunión informal cuando surgió la idea de fundar una logia B´nai B´rith”. Recuerda Juan Plaut que, al lanzar la sugerencia, sólo tenía una vaga noción de lo que era la B´nai B´rith y “me costó mi primer discurso para convencer a los amigos asistentes de que en una Logia podríamos tener al mismo tiempo el contacto humano
y hacer algo positivo por el pueblo y la comunidad judíos”, señaló Plaut, eminente líder benaibritiano y expresidente de la Gran Logia del Distrito 20 en el Boletín informativo Menorah que la Logia Caracas editó desde 1955.
El 24 de febrero de 1954 se reunieron los treinta fundadores nuevamente para una Asamblea Constituyente, eligiendo la primera junta directiva, presidida por Isack Kohn y formando el primer fondo de beneficencia y de operación: “Todos creían que el elemento humano no es propicio, que el materialismo es el único móvil de nuestros judíos y que no hay idealismo entre jóvenes y adultos. ¡Cómo se equivocaron aquellos profetas del pesimismo, estábamos enrumbados en el sendero del éxito y la gloria!”, dijo alguna vez Plaut.
Puesto que no tenían experiencia práctica, el entusiasta puñado de fundadores se guió por los estatutos que la Gran Logia del Distrito 20 les envió desde Santiago de Chile. La adhesión a este nuevo grupo constituyó para sus miembros un factor de unificación y una experiencia totalmente novedosa, en la que entraron a formar parte de sus vidas el contacto con la cultura y el conocimiento, así como una notoria intensificación de la vida judaica, para algunos elementos vedados hasta ese momento. Así lo afirma Hans Wolferman, miembro fundador y quien fuera presidente de la Logia Caracas y del Consejo Nacional de B´nai B´rith. Este simple relato suyo traduce en su dimensión más humana lo que Juan Plaut llamó la “experiencia de la culturización y elevación espiritual”: “Durante los primeros tres años admiré en secreto la envergadura intelectual de mis hermanos. A los quince años tuve que dejar la escuela secundaria y prepararme para la emigración. Entonces, al entrar en la Logia, me inicié en un mundo fascinante en el que leía y aprendía durante largas horas para no desentonar con ellos”.
Un año después de su fundación salió a la luz el primer número de Menorah, órgano divulgativo de la misma.
Por otra parte, Wolferman recuerda la positiva influencia que tuvo B´nai B´rith en el yishuv caraqueño, cuando éste se encontró ante una grave crisis institucional: “Todos teníamos el cargo de conciencia de que la colectividad, especialmente los afiliados a la Unión Israelita de Caracas, iba totalmente a la deriva; todavía no había rabino y el presidente trataba de organizar unas elecciones imposibles, pues no existían candidatos a cargo alguno”.
Con el apoyo de la Junta de Oficiales de la Logia, fue elaborada una plancha, resultando electa una nueva junta directiva con Samuel Cula Rosenblatt como presidente de la institución. Tal y como lo señaló posteriormente Juan Plaut, “este acontecimiento marca el comienzo de una larga serie de años de íntima cooperación entre B¹nai B¹rith y la kehilá”.
En 1963 le tocó a la ciudad de Caracas ser sede de la III Convención del Distrito con asistencia del muy honorable presidente de la Orden, Label A. Katz. Durante los actos de la
convención se celebraron el 120o aniversario de la Orden, con la participación de eminentes personalidades venezolanas como Mariano Picón-Salas y Luis Villalba Villalba. En ocasión de esta convención, y por primera vez en la historia de Venezuela, el presidente de la Orden, junto con Juan Plaut, fueron recibidos en audiencia privada por el entonces presidente de la República, Rómulo Betancourt.
Muchos dirigentes de las kehilot dieron sus primeros pasos en el seno de esta organización, entre otros vienen a la memoria Samuel Cula Rosenblatt, Herbert Hirschfeld, Rubén Merenfeld, Peter Mayer, Gonzalo Benaim, Samuel Zabner, Samuel Eskenazi, Isidoro Rubinstein.
Con la solemne inauguración del nuevo Hogar de B´nai B´rith, en Caracas, el 20 de enero de
1965, se cumplió una etapa en la vida benaibritiana de Venezuela y un anhelo de todos sus integrantes activos. Es un hermoso edificio situado al pie del Avila en la urbanización Altamira,
construido bajo la supervisión de Herbert Hirschfeld, otro de los incansables miembros de esta
cofradía en sus primeros tiempos, de acuerdo a las pautas del proyecto arquitectónico escogido presentado por el Arquitecto Sigfrido Rieber. En su Sala de Banquetes hay un inmenso mural pintado y donado por otro de sus miembros fundadores, Ricardo Kort.
La llegada del rabino Yoshua Aizenberg a Venezuela, y su incorporación a la Logia Caracas, trajo consigo, entre otras cosas, la colaboración prestada a la WIZO para que fuera organizado en este edificio el primer Bat Mitzva colectivo en Caracas. También bajo su dirección se ampliaron al público en general los servicios de Kabalat Shabat y Yamim Noraim, bajo el ritual conservador en tres idiomas: hebreo, español e inglés.
Escrito y ampliado por Alberto Jabiles en base al libro B´nai B´rith, Distrito XXIII. Historia y
Recuento. Caracas, 1990.